Oficios en el Puerto. Año 1926.

Realmente me quedé maravillada del bonito calzado que aquí se hacía; recuerdo unas botas tan bien hechas que don Alberto Martínez me hizo. El material que usaban para el calzado era de una piel muy fina, así como el glasé. Éstos eran cosidos a mano y el acabado que les daban era perfecto. Aún siendo una pequeña industria, había varias personas que se dedicaban a ello haciendo un buen trabajo, entre las que se encontraban don Leocadio González, casado con Luisita. El oficio le daba para mantener a su numerosa familia. También estaba doña Julia Chavarín, mujer muy diestra como zapatera. Entre otros, recuerdo a José Aguilar, Refugio López y, años más tarde, puede conocer a don Chayo Robles y sus ayudantes José Hernández, Beto Ramos e Isidro Gómez. Ellos contaban con un pequeño taller cerca de la casa.

También había quien desempeñaba otros oficios como el de la sastrería. Entre los más antiguos se encontraba Venturita Arreola, que aparte de ser muy buen sastre se dedicaba a dar clases de corte. Varias jóvenes del lugar fueron sus discípulas, entre ellas Enedina Herrera, Juanita Garibaldi, Carmen Cortés y Carmelita de González, son de las que recuerdo. Aparte de Venturita, estaban Jesús Pérez y Adolfo Núñez, así como nuestro compadre Jesús Ávalos que hasta la fecha sigue trabajando. En el año de 1929, vino a este puerto, procedente de Mascota, Toño Pérez, quien instaló una pequeña sastrería. Además de este oficio, se destacó como el primer peluquero que dio servicio en una moderna silla giratoria traída de Estados Unidos por un señor de San Sebastián, quien la utilizaba en la hacienda de Ixtapa. Toño se la compró a este señor. Antes de estas fechas eran dos los únicos peluqueros que había en el puerto; éstos eran los hermanos Macedo: Jesús y Asunción. Poco tiempo después, Goyo Espinoza se dedicó a este mismo oficio. Por muchos años estos fueron los peluqueros del pueblo. Entre otras cosas recuerdo que Goyo fue el primero en traer para rentar tres bicicletas. Esto fue por el año de 1939. Los jóvenes se disputaban el alquiler y así se les podía ver por la calle haciendo piruetas, tratando de enseñarse.

No podían faltar ya desde entonces las famosas modistas. Se distinguían en alta costura las hermanas García de León, Gumercinda “Gume” y Domitila “Domi”, quienes hacían toda clase de costura, especializándose en vestidos de novias. Muy bonito vestido por cierto le hicieron a Cuca Lepe cuando se casó. Asimismo, Lupe y Victoria Ruelas y las hermanas Villalvazo, se dedicaban al corte.

No puedo dejar también de hacer memoria del pan que aquí elaboraban. Éste era exquisito dado que empleaban son escatimar los ingredientes que necesitaban, ya que había en abundancia leche, huevos… Así podíamos ver aquellas coras repletas de un variado surtido de pan para escoger al gusto; se antojaban las conchas, los espejos, las costras, las virginias, los picones con canela y la tradicional galleta dura, doradita y tronadora que solamente aquí la sabían hacer. No podría decir quien de todos los panaderos era el mejor ya que todos en general hacían muy buen pan, aunque algunos preferían el de Victoriano Quintero “Talano”, otros el del “Mordullo” y así había quienes decían que era el de Pascual Ruiz y el de los hermanos Leonardo y Cuco, o el de don Enrique Gómez. Es el caso que aún la gente que venía de la capital elogiaba el pan de pueblo que aquí se hacía.

Fragmento del Libro: Montes de Oca de Contreras C. (1982) “Puerto Vallarta en mis recuerdos” (2da. ed.) México, Centro Universitario de la Costa.